
El cine chileno, siempre ha sido tratado como un género propio, que ha evolucionado con los años y se ha dispersado en distintas corrientes que, a pesar de ser definidas, aún no son lo suficientemente amplias para agruparlas como géneros individuales.
Se dice que en los momentos de crisis el arte prolifera de mejor manera, la escena cinematográfica nacional no es la excepción y también ha pasado por ese proceso. Sólo hasta hace un par de años se comenzó a despojar de la carga social y política que la caracterizaban casi como un karma indeleble.
Desde fines de la década del ’90, surgieron variadas Escuelas de Cine, que sirvieron de semillero de las nuevas generaciones post dictadura. En este contexto aparece el creciente “Cine de Autor”. Con el nacimiento de un nuevo siglo, la temática política quedó relegada a un lugar menor dentro de la producción local. Directores como Nicolás López, Matías Bize, Cristóbal Valderrama y Sebastián Silva le dieron un giro a la gris cinematografía chilena, mostrando visiones frescas de un Chile que crece y se renueva.
En esta línea del cine de autor se rige Óscar Godoy, director de “Ulises”, una historia tan sórdida como real, cruda y dolorosa que revela los pesares de un peruano inmigrante que fluctúa entre la ilegalidad y el trabajo esforzado.
La película entró a la cartelera en una época en que la fiebre por “Violeta” ya había menguado, pero le será imposible superar el éxito de ésta, pues cuenta con menos copias y publicidad que su fuerte contendora.
“Violeta se fue a los cielos” es un retrato biográfico que intenta ceñirse lo más posible a la realidad, sin ser necesariamente exacta pues en ella no se logra trepar en el enorme árbol genealógico de la legendaria familia Parra. Lo que importa es ella, y no ahondar en tocar y retocar sus canciones ni mostrar una y otra vez sus obras. La cinta indaga en los rincones más íntimos de la folclorista nacional, muestra a una mujer fuerte y vulnerable a la vez, con sueños, tristezas, amor y dolor, una Violeta que se sale de las arpilleras, del folclore y las entrevistas en blanco y negro.
Ambas cintas se enfrentarán al jurado local que escogerá cual es la más idónea para representar al país en la preselección a los nominados por el premio Óscar a “Mejor Película Extranjera” (Premio que obtuvo la trasandina “El Secreto de sus ojos”, en 2010). Además se dará a conocer cual será la postulante a los premios Goya por la categoría “Mejor película extranjera de habla hispana”.
Ulises y Violeta serán parte de la preselección en la que también figura “Post Mortem” de Pablo Larrain, tercera película del director nacional y que a pesar de estar ambientada en pleno golpe de estado, muestra la visión particular de un ciudadano común, alienado y atormentado por sus propios problemas. Lo que hace que el escenario político sólo sea un contexto que crea una atmósfera grisácea pero no logre ser la protagonista del relato.
Todas son historias que reflejan pesar y dolor se debe tener en cuenta que la producción del cine local ha bajado su cantidad considerablemente y por la misma razón se ha dado la oportunidad para que una película desconocida y casi en el tope de la fecha reglamentaria para estrenar como Ulises, sea parte de la preselección.
El nuevo cine chileno tiene un aire fresco, miradas personales que ya no apuntan a la generalidad ni a la masa, cuentan con un hilo conductor que no teme a la subjetividad extrema, no pretende ser comprendido ni elogiado, sólo es. El proceso se puede determinar como parte del crecimiento paulatino de una industria en ascenso. Por la misma razón, es difícil agrupar las obras como un todo y decir “el cine chileno es de tal o cual manera”, pues las cintas son cada vez más disímiles entre sí.
La decisión de cuál de las 3 películas representará a Chile en la preselección de ambos certámenes estará a cargo de un comité de 40 expertos determinados por el Consejo Nacional de La Cultura y Las Artes. Si bien nunca una cinta local ha participado de los Premios Óscar, se puede graficar que nada es imposible, esto recordando a una insistente y soñadora Violeta Parra ante el Louvre y luego dentro de él. Como David contra Goliat, hay cosas que parecen lejanas y descabelladas, pero no imposibles. El cine chileno está creciendo y para cosechar sus frutos, es sólo cosa de tiempo.
septiembre 11, 2011
Categorías: Uncategorized . . Autor: Malditasudaca . Comentarios: Dejar un comentario